miércoles, 2 de febrero de 2011

¡que vivan los estampados!



La revista Glamour publicaba en su revista de febrero un reportaje sobre la goship Leighton Meester donde lucía un estilismo donde predominaban las telas estampadas. En una hoja aparecía con una camisola de MiuMiu que la revista Vogue no dudaría en sacar en un recopilatorio de esos de ahora lo in es llevar estampados, estampate para la próxima primavera-verano.





Y además, repetía con otra prenda, esta vez de Just Cavalli.



















viernes, 15 de enero de 2010

Fotografía y arte

La época que comprende la primera mitad del siglo XX fue la niña bonita de la fotografía, puesto que contaba con el estatuto de la veracidad, permitía inmortalizar pruebas, y además, también se la consideró un medio expresivo. Pero a partir de los años 60 llegó la televisión y llegó para quedarse, afectando a las funciones tradicionales de la fotografía que fueron perdiendo fuerza. La televisión mostraba los acontecimientos en movimiento, las personas, los animales, coches y resto de cosas parecían estar al lado de los espectadores. Todo se volvió más cercano, más real, y lo que es más importante, el nuevo electrodoméstico era más novedoso, espectacular y divertido. El boom de los espacios de escaparate y difusión de la fotografía se produjo durante la primera mitad de los años 70. La consecuencia de este estallido fue la institucionalización de la fotografía que sería el escopetazo de salida que daría inicio a la andadura de su reconocimiento en el mercado del arte. Empezó un viaje pero abandonó otro, aquel que la ensalzaba por mostrar la verdad y representar la realidad. Pero esta institucionalización no fue definitiva hasta los últimos años del siglo XX.
Los fotógrafos Henry Peach Robinson y Oscar Gustave Rejlander entendían que la semejanza de la fotografía con la pintura era lo que le otorgaba valor artístico a la misma. A finales de los años 1880 y tras los últimos disparos y matanzas de la primera guerra mundial se desarrollo el movimiento fotográfico llamado pictorialismo. Muchos fotógrafos quisieron con sus fotografías crear cuadros, tratando de reproducir las técnicas pictóricas. Hay quien se decantaba por empañar la lente del objetivo de su cámara de fotos echando el aliento sobre esta, otros algo menos sutiles untaban la lente con baselina. Con ello y también usando la técnica del desenfoque pretendían demostrar cómo de alto era el nivel artístico del acto fotográfico.
Cuando la fotografía entró a ser considerada como arte, la producción estética se vió azotada por la dinámica de producción en cadena o en masa, como si fuera una producto ordinario más, una mercancía, sujeta a la ley de la demanda y atada a los ritmos frenéticos de productos que pronto quedan obsoletos. Aún así se deberían considerar todas las piezas artísticas cómo únicas e irrepetibles, puesto que una vez estas se extraen del contexto de exposición, estudio y decoración, por poner un ejemplo, y se reproducen en masa, la obra se vulgariza, porque ya no es exclusiva. El movimiento Kitsch es un ejemplo. ¿Quién no ha visto esos bolsos, monederos y láminas que reproducen la lata de tomate de Andy Warhol?

domingo, 11 de octubre de 2009

Prisioneros

Al más puro estilo de la exitosa serie Prison Break, Billy Hayes y William Hoffer escribieron allá por el año1977 Expreso de media noche. Una novela sobre la vida en la prisión que llegó a mis manos por encontrarme con las puertas de la biblioteca pública cerrada por inventario y recurrir a la vieja biblioteca de papá con libros adquiridos por el engaño del círculo de lectores. Suelo recurrir poco a la sección de libros viejos de casa, pero siempre que he recurrido me ha slaido bien la jugada porque he elegido libros muy muy entretenidos.

"Por todas partes se veían tallas en jabón e intrincadas figuras de papel que representaban pájaros y animales", fragmento Expreso de media noche.


No pude evitar hacer un paralelismo con el cisne o pajarito de papel que Michael Scofield dobla y dobla para luego tirarlo por la alcantarilla de la cárcel.

sábado, 19 de septiembre de 2009

Leer me gusta. Porque me hace pensar. Me hace reflexionar. Practicar la lectura me hace relacionar, crear paralelismos entre las cosas, conocer mejor a las personas o más bien a los distintos tipos de personas, a saber controlar ciertas situaciones, a anticiparme a los hechos, a conocer lo que quizá nunca llegara a conocer en mi existencia. A relacionar situaciones con personas, a identificar. A ver que la ficción no está lejos de la realidad.

He citado varias veces a Marian Keyes en mis entradas. Volveré a hacerlo.

-Porque no es lo correcto. Y será mejor que entres en razón. No puedes estar sola, me necesitas. ¡Piénsalo!

Esto es lo que contesta un casi marido a su casi esposa. La patética razón, es el hecho de que el varón no acepta que su casi prometida trabaje en un puesto de poder y gane más dinero que él.

Y lo peor es que muchas mujeres al pensar sobre quedarse sola, llegan a la conclusión de que sería su fin, que no lo soportarían.

Si quieren saber más sobre cómo termina la historia original de Keyes, vayan rápido al capítulo La verdad está ahí fuera incluído en Bajo el edredón.

Lean y reflexionen. Y si lo ven necesario, escriban.

domingo, 13 de septiembre de 2009

Ya llega

Se despertó cuando el sol todavía no se colaba por los lunares de su persiana. Sus pies descalzos sobre el piso daban saltitos para evitar el frío y repentino contacto. El pasillo le ofreció una bocanada de ese aire que huele a lluvia, a tierra mojada. Estaba llegando.
La otra noche al meterse en el coche para volver a casa echó mano de su cardigan rojo de punto. Otra, sus manos giraron rápidamente la ruleta del aire acondicionado de su coche hasta la raya roja. Las perlas que colgaban de las partes desnudas de su cuerpo se secaron al instante.
Y hoy cuando llegó a casa y se colocó ante su ordenador, escuchaba los truenos y las gotas caer. Una bola negra con ojos color miel se arrellanó en su regazo. Le regaló un rato de calor y vibraciones a cambio de mimosas caricias.
La temporada de lluvias previas al otoño se presentaba y le animaba a tumbarse bajo una fina colcha y pasar horas leyendo. Leyendo y escuchando su propia voz en la mente. La banda sonora quedaba en manos de las gotas que se precibitaban contra el cristal.

domingo, 6 de septiembre de 2009

Salvajemente

Dos amigas se encuentran en la calle. Después de los típicos saludos de cortesía la conversación ya no daba para mucho. Una exclama:

-¡Pero tía ¿y eso?- mientras señala un minimoratón en el brazo.
-Ha, ha y porque no me has visto las rodillas.
La amiga mira con cara de sorpresa, pensando no se a qué se refiere.
-¿Y eso?- repite nuevamente. La sorpresa le ha dejado sin otro repertorio para preguntar.
-Pues de chupar pol*as.

La amiga intenta no hacerse la sorprendida y suelta un bajito ah... de ya se ha descubierto el pastel.

Sin duda su amiga había tenido una velada de lo más salvaje y expontánea.

jueves, 3 de septiembre de 2009

Cuevas de Aladino

Y un día ella y su madre visitaron Gibraltar u descubroeron una sucuersal de Marks and Spencer. Pese a estar rodeadas de Marks and Spencers en casa, se pusieron como locas. (Eso también constituye una característica vacacional en mi caso: tiendas que puedo visitar cuando me aptece en casa, me parecen de repente Cuevas de Aladino llenas de cosas maravillosas).


Extraído de la novela Bajo el edredón, de Marian Keyes.


Se sintió identificada con lo que leía. En su viaje a la ciudad Condal cierto era que pensaba comprar porque se había llevado todos sus ahorros y no para pagar el ticket al bus turístico precisamente. Pero lo que le sorprendió fue entrar en tiendas que normalmente visitaba en su zona y al verlas señalarlas como si fueran lugares inaccesibles para ella en su tierra. Al mismo tiempo cuando salió de las fronteras de su país también se sorprendía cuando éncontraba un cartel luminoso que le era familiar. ¿De nada había servido que estudiara marketing, sociología del consumo, entre otras? Sí, pero ¿qué tiene de malo? Si esa reacción va unida a una subida de adrenalina y felicidad, nada tiene de malo...

domingo, 9 de agosto de 2009

No sirve de mucho

Tirada en el sofá se disponía a estudiar inglés. Pero antes quería ojear y hojear alguna revista. Cierto es que no tenía en casa ninguna más reciente al mes de mayo pero eso no le importaba puesto que a pesar de los esfuerzos, le era casi imposible mantenerse a la última. Encontró un ejemplar de un dominical de marzo de ese año. Le causó sorpresa encontrarlo puesto que sólo leía prensa gratuita y no tenía por costumbre bajar a comprar ningún periódico. Tras divagar en posibles procedencias del suplemento procedió a curiosearlo. Se topó con un artículo de opinión y leyó el destacado antes incluso que el propio título:
"Contarme lo que hago, lo que veo y lo que digo a cada instante no sirve para nada. Me dan ganas de gritarme: ¡basta, cállate!"
(extraído del artículo de Bárbara Alpuente titulado Pensar).
¡Un artículo que critica las redes sociales, blogs y páginas personales!, pensó. Esto hay que leerlo. Cual fue su asombro cuando comenzó la lectura y no fue eso lo que encontró. El escrito trataba sobre cómo las personas nos vamos repitiendo a casa momento aquello que hacemos o tenemos que hacer. Un monólogo interior que sufrimos constantemente.
Ella se mostraba reacia a toda clase de redes sociales donde amigos, compañeros de trabajo, familiares y no tan amigos, e incluso gente que no se conocen intercambian invitaciones en sus espacios de la Red, se felicitan los cumpleaños, los santos, el paso de la época de los exámenes... Cuelgan sus fotos, hacen públicos sus actos y donde los protagonistas son ellos mismos. Para ella todos son unas almas desamparadas que buscan atención. Buscan publicar esa foto de la borrachera de la noche anterior para luego leer los comentarios que sus "amigos" hacen al respecto. Es por ello que el destacado del artículo le remitió a este tema. Por el mero hecho de que las páginas personales están plagadas de hoy he ido a la playa, hoy me he cortado el pelo, mañana fiesta en... cuentan al resto lo que hacen pero también se lo cuentan a sí mismos, cuando ellos ya saben que lo han hecho.
Al fin y al cabo parece ser que si se lleva a cabo algo y no se cuenta, parece que no ocurrió.
Cada vez que ella busca algo en su armario se promete que lo va a organizar. Que se deshará de lo que nunca usa y que dejará el suficiente espacio para manejarse dentro sin acabar con agujetas en los brazos, sudando o tirando todo al suelo mientras revisa cada una de las perchas. No es cuestión de espacio. La cuestión es que termina llenando todos los huecos posibles. La tachan de desordenada y desastre. Pero ella responde: Dentro de mi caos hay un orden.

viernes, 24 de julio de 2009


Cualquier huevón con la cara roja por el alcohol, calvo, con barriga y un look de mierda podrá permitirse hacer comentarios sobre la apariencia física de las chicas, comentarios desagradables si es que no las incuentra suficientemente arregladas u observaciones asquerosas si es que le da rabia no podérselas tirar. Esas son las ventajas de sus sexo. Los hombres quieren hacer pasar la excitación más patética como si fuera algo simpático y pulsional. Pero no hay muchos Bukowskis, la mayoría de las veces, se trata simplemente de un paleto cualquiera. Sería como si yo, por tener vagina, me creyera tan cañón como Greta Garbo. Estar acomplejada, he aquí algo femenino. Eclipsada. Escuchar bien lo que te dicen. No brilar por tu inteligencia. Tener la cultura justa como para poder entender lo que un guaperas tiene que contarte. Charlar es femenino. Todo lo que no deja huella. Todo lo doméstico se vuelve a hacer cada día, no lleva nombre. Ni los grandes discursos ni los grandes libros, ni las grandes cosas. Las cosas pequeñas. las monadas. Femeninas. Pero beber: viril. Tener amigos: viril. Hacer el payaso: viril. Ganar mucha pasta: viril. Tener un coche enorme: viril. Andar como te da la gana: viril. Querer follar con mucha gente: viril. Responder con brutalidad a algo que te amenaza: viril. No perder el tiempo en arreglarse por las mañanas: viril. Llevar ropa práctica: viril. Todas las cosas divertidas son viriles, todo lo que hace que ganes terreno es viril. Eso no ha cambiado tanto en cuarenta años. El único avance significativo es que ahora nosotras podemos mantenerlos. Porque el trabajo alimenticio es demasiado exigente para los hombres, que son artistas, pensadores, personajes complejos y terriblemente fáciles. El salario mínimo es más bien una cosa de mujeres. Evidentemente, en contrapartida, habrá que entender que ser unos mantenidos les puede transformar en tipos violentos o desagradables. Porque no es fácil, cuando se pertenece a la raza de los grandes cazadores, no ser el que trae la comida a casa. Los hombres, qué guay, nos pasamos la vida comprendiéndonos. Porque la extraordinaria desesperación también tiene sexo, el nuestro, nuestra práctica es el gemido quejica.

Extraído del ensayo Teoría King Kong de Virginie Despentes.

sábado, 28 de marzo de 2009

lunes, 16 de marzo de 2009

Un tipo encantador, Marian Keyes.


La apasionada de los cosméticos y la moda Marian Keyes nos deja poco antes de las vacaciones navideñas su última novela Un tipo encantador. Fechas perfectas para pedir que alguién que nos quiera hacer felices nos lo regale por el módico precio de 19,90 €. no es de extrañar que el volumen cuente con 766 páginas, teniendo en cuenta que para la autora es una dura misión escribir relatos cortos.

"La clave está en el nombre: son demasiado cortos. Cunado por fin empiezo a meterme en los personajes y la trama, es hora de acabarlos. De ahí que haya escrito tan pocos."


A lo largo de la novela encontramos los rasgos característicos de sus novelas: en los papeles protagonistas mujeres guerreras (algo así como el personaje de anti héroe por aquello de que no son perfectas), con probelmas por solucionar, ambientado en Irlanda y Gran Bretaña, y que tienen empleos relacionados con el mundo de la comunicación, periodismo y publicidad.


La estructura del libro se divide en 4 bloques, cada uno de ellos corresponde a una mujer. Dichos bloques van intercalándose unos con otros, al más puro estilo Babel o Crash, del director mexicano Alejandro González Iñárritu y el canadiense Paul Haggis, respectivamente.


Los temas a tratar durante los relatos son de lo más actuales y se dejan ver como la pura realidad de hoy: el maltrato, el corrupto mundo de la política o las enfermedades como el cáncer y el alcoholismo. Todo ellos marcado por la trama amorosa de líos, berrinches, rubor en las mejillas o flojera de rodillas que sufren las protagonistas.


Cuando comencé a leer Un tipo encantador, me dió la impresión de que ya había visto, leído o escuchado una historia parecida. La trama del retiro de Lola (una de los personajes principales) me recordó al filme The holiday y la asocié rápidamente con Cameron Diaz por el papel que esta desempeña en la misma.



De lectura es fácil y fluída Marian Keyes es especialista en lograr que te sientas identificada en algún momento del libro, si eres mujer, claro. M.K. ha hecho que me haga tazas de té a todas horas, me cobije bajo mis edredones y mantas de colores cuando más lo necesito, lea libros y revistas de moda a destajo y quiera a mi chico como nunca antes lo haya hecho con ningún tipo.


Para finalizar recomiendo leer la novela en casa. El volumen pesa bastante para llevarlo en el bolso de casa al trabajo o la universidad para leer durante el trayecto, a no ser que por la crisis hayáis dejado de acudir al gimnasio y os queráis mantener en forma por cuenta propia. En casa tened cuidado si leéis tumbadas en la cama. Llega un momento en el que la sangre deja de llegar a las manos y empezaréis a notar un ligero hormigueo, en el mejor de los casos. En el peor, os podéis quedar dormidas (no por el tostón de historia porque no lo es) y el libro puede aterrizar en vuestra cara. Aterrizaje a plomo del libro en la cara extraído de la propia novela.

martes, 20 de enero de 2009


Tres paredes blancas rodean a una garabateada. Una espalda desnuda mira el techo y unos pies descalzos apuntan al suelo. El Pc reproduce una película en dvd screener pero ningunos ojos se dirigen a la pantalla. Dos están cerrados. Otros dos observan con parsimonia y en ocasiones tienden a dejar caer sus párpados. La piel con otra piel. Contacto y tacto. Roce y caricia. A pesar del sonido del filme, se percibe el silencio, la paz, tan esperada tras las semanas de tensión. Ve las nubes pasar. Y lo contempla a él. Sonríe y se emociona. La siesta tras comer.

jueves, 27 de noviembre de 2008


Ella lo ve al fondo del autobús. Trata de disimular, de vacilar, de parecer natural, de no tropezar, de no poner cara de sorpresa ni cara de...¿qué expresión debería mostrar los músculos de su cara? Agacha la cabeza mientras guarda su billete y las vueltas en su cartera y se dirige al final del bus donde hay espacio para viajar de pie. Sabe que le toca levantar la vista, ya no puede hacerse por más rato la despistada. Por su cabeza y ya desde que puso el primer pie encima del transporte, sobrevuela la conversación de hace escasos dos días con el sujeto en cuestión. La vergüenza se adueña de ella aunque trata de hacer desaparecer de su mente todo aquello. Recibe un saludo de él y un seguido ¿qué tal? y se hace la sorprendida. Ahora la cara que muestra ella es de dormida. Trata de lanzar una frase cualquiera y se esfuerza por buscar algo más largo a un hola y un bien de respuesta monosílaba. Se inventa algo al instante, algo típico entre estudiantes. Se ha madrugado y la chica dice con tono de fastidio que tiene sueño. Aprecia que el asiento junto a él está vacio y no lo estrá por mucho tiempo. Decide armarse de valor y sentarse a su lado. El autobús se pone en marcha.

sábado, 15 de noviembre de 2008

jueves, 30 de octubre de 2008

Hirviendo

¿Qué pasa cuando alguien te dice "¿me dejas hablar?"?

Pues pasa que te callas al momento como buena persona obediente. Pero tras el corte te pones a pensar en lo que has hecho para merecer esa pregunta con tono borde. Y te das cuenta que era de esperar puesto que siempre hablas y hablas e interrumpes a la gente cuando están contando sus batallitas. Y también reflexionas sobre si actitud ante la frase interrogativa ha sido la correcta.


¿Qué pasa cuando alguien te dice "no imprimas el trabajo en papel reciclado"?

Pues que tú ante una pregunta como esta respondes con otra pregunta muy obvia: ¿Por qué?
A lo que recibes como respuesta un: -"Porque queda mal" + cara de es muy obvia mi contestación, no sé porqué preguntas...
Y de tu boca no surge ninguna palabra al respecto, ni siquiera un sonido, ni un bufido. Simplemente estás alucinando.


¿Qué pasa cuando llegas a un sitio después de mucho timpo e intentas entablar conversación con los que de allí nunca se han ido?

Pues que no sabes por donde entrarles. La desconexión entre los seres a provocado un estado deme da a mí que no estoy actualizada, sobre todo cuando te das cuenta que la gente hace bromas sin gracia en las que todos se ríen. Te das cuenta que te has perdido mucho. Que han surgido nuevas amistades y que tú no estás entre los más solicitados para echar unas risas. Es entonces cuando tienes que tirar de las típicas preguntas que toda abuela o madre le hace a otra madre de su vecina porque hace mucho que no la ve o no sabe de ella:
-¿Qué tal? (Empezamos con esta pregunta que se ha convertido en sustituta del más coloquialmente conocido ¿Cómo estás?. Esta sustitución me atrevería a decir que se debe al MSN por aquello que acortamos y preferimos saludar así: k tl?

-¿Las clases bien? (tirando de algo que es el día a día del estudiante y que alguna respuesta tiene que dar y que con un poco de suerte el interlocutor meta de por medio alguna actividad extrauniversitaria para que tú puedas volverle a preguntar por ella o cambiar el tema de la conversación en la que a partir de ese momento estará saturada de exclamaciones como ¡Ala!, ¿sí?, ¡Qué guay!, Muy bien, muy bien. Vaya tela...

Y como último recurso preguntar por el pasado pero el pasado lo más inmediato posible:
-¿Qué has hecho este finde? Ahora crees que es el mejor momento porque aquí la conversación se va a extender hasta el infinito, pero te encuentras con el listo de turno que interrumpe la conversación (dirigiéndose sin duda a tu querido/a amigo/a con el que empezaste la interrogación) y se lo lleva. Ese sí que no lo/la va a soltar y tú te quedas con cara de tonto/a y algo desamparado. Hasta la próxima semana o mes en el que vuelvas a acudir.


Situaciones que te remueven por dentro. Nada más.

domingo, 26 de octubre de 2008

Sol solet, calientame un poquet.

Sube la persiana y los rayos del sol le ogligan a entor sus ojos. Por fín tras muchos días de lluvia y nubes grises, la luz del sol hacía acto de presencia convirtiéndo el domingo en un precioso día. Un día perfecto para moverse al aire libre. Le esperaba un día de duro trabajo frente a su ordenador y eso provocaba en su estado de ánimo cierto bajón. Pero esa luz brillante lo cambió todo. La motivación se coló junto a los rayos que entraban por la ventana. El empuje para afrontar con fuerza la jornada de estudio llegó sin más.
Porque el tiempo y las estaciones dicen que van a la par con nuestro estado de ánimo. Pero, ¿quién dijo que el otoño sólo es triste? Salgamos todos a disfrutar de las hojas amarillas y marrones que cubren las calles. El sol nos invita a hacerlo. Ella desde casa se morirá de envidia. Pero sabe que todo esfuerzo algún día le será recompensado.

miércoles, 22 de octubre de 2008

Desde algún recoveco

Soledad y quietud. Silencio y paz. Mirar sin ser visto. Actuar sin ser mirado.
Cuando el resto aún está entre las calientes sábanas mis ojos están abiertos. Ven cosas que ellos no podrán ver. Desde este lugar alejado de la ruidosa urbe y a años luz de miradas indiscretas toco el suave momento. Es ese rato en el que me encuentro a mí misma. En el que pudo parar a reflexionar, y a asimilar.
El ritmo frenético de la vida llena de horarios y obligaciones nos impide ambas. Al igual que hacemos un hueco en nuestra agenda a esas reuniones con amigos ya lejanos, a esos cafés de consuelo y a otras urgencias de última hora, deberíamos reservar un espacio para reconocernos, y no ante el espejo. Me refiero a volvernos a conocer. A pararnos a pensar qué queremos, qué nos apetece, qué nos ha ocurrido. Que consigamos saborear mejor nuestras vivencias, nuestros recorridos, nuestro aprendizaje, nuestros sentimientos.
Necesidad de alejarse de lo de siempre. Días en los que quieres ir caminando sin conocer a nadie, sin ser reconocido, pasar desapercibido. Conseguirlo como si estuvieras en una zona nueva para ti. Como si estuvieras en el extranjero. Viajar sin moverse del sitio.

sábado, 11 de octubre de 2008

Sobre estilo


Me gustan los chicos vestidos de traje chaqueta. Comerciales deben de ser, ya que si todos aquellos hombres vestidos con americana, camisa y corbata y zapatos de piel tienen que ser directores de bancos o jefes de alguna empresa, demasiado bien va el mundo y la gente tiene mucha suerte. Además no creo que un banquero con la pasta que tiene que acumular y tener en otra entidad bancaria bajo su nombre, viaje en tren todos los días para ir a trabajar. Esa persona posiblemente se sienta el rey de la creación y tenga un mercedes o un porche que pasee sus dos calles o dos pueblos que le separan de su puesto de trabajo. En eso me baso para apuntar que algunos de los hombres vestidos con traje chaqueta son comerciales. Tres trajes diferentes son los que calculo que pueden tener. Camisas… ya alguna que otra más. Y corbatas puesto que es algo que puedes comprar algo más barata y que nadie se de cuenta unas tantas más. Me gustaría ser hombre por un momento tan sólo para pensar posibles combinaciones de camisas y corbatas cada día. Me gustaría ir de punta en blanco todos los días. Algún día un cambio radical en mi vestuario lo hará posible. Renunciar a los chandals para ir a la universidad. Renunciar a las zapatillas deportivas o no tan deportivas. Tacones, tacones y camisas, camisas y pañuelos anudados al cuello y bolsos finos, ni festeros ni deportivos. 20 es un bonito número para cambiar la imagen. ¿Pero esto servirá de algo? Pensar en ello pues supongo que para hacer vistas de futuro. Lo primero que supone es gastar un mínimo de dinero que podría ser fácilmente 200 euros. Pero ¿quien puede renunciar a la comodidad? Yo no. Si hay días que casi me es imposible desprenderme del pijama, ¿cómo voy a ponerme a elegir camisa acorde con los zapatos? Si 20 llegara y esto no se produjera, el próximo periodo sería el laboral. Tendría que esperarme unos 5 años reglamentarios cuando con la carrera terminada optara a un puesto de trabajo digno de ir de punta en blanco. Y sería en ese momento cuando caería en la cuenta de que tras 7 años de mi vida no he aprendido a vestirme correctamente. Llegaría el momento y prácticamente por obligación de vestir como he querido vestir durante años y no sabría cómo hacerlo. Las compañeras de trabajo me criticarían al pasar cada mañana. La jefa me llamaría a su despacho para decirme que cuidara un poco mi imagen porque de lo contrario este asunto podría afectar a la imagen del medio. Con esto me ha venido una idea: recopilar estilos o mejor conjuntos que vea en revistas, Internet, etc. pero las modas cambian, con lo que quizás pueda resultar desfasado. Aunque soy de las que piensa que siempre hay prendas y estilos que nunca pasan de moda. Y son los de ir en punta en blanco.

El engranaje que nos mueve

Existen días en los que a una no le apetece hacer nada. Y no es algo que se note de manera aislada. Sino que cada vez te llama más la atención cuando te pasa más a menudo. La última vez que te pasa te acuerdas del resto y piensas en los muchos días que has perdido. Creo que si algo echo de menos es ese hacer y hacer y ganas por hacer. Aunque si reflexiono, llegó a la conclusión de que puede que antes no me ocurriera esto porque tenía tantas cosas que hacer, o más bien tan poco tiempo libre que supongo que ni siquiera tenía hueco para pensar sobre estas cuestiones. No tenía tiempo de vagar por mi mente, de preguntarme de verdad qué era lo que quería hacer en ese momento. La rutina estaba escrita y la seguía al pie de la letra aún con pequeñas variaciones a las que me aferraba de manera intranquila. Ganas de no hacer nada o bien poco. Ganas de perder el tiempo. De intentar comenzar algo por obligación y entretenerme con cualquier otra cosa. Pero en esa cosa al menos pongo ilusión y empeño, independientemente de que sea o no provechosa.